Viernes 28 de agosto de 2009
La iniciativa se fundamenta en que el cantante es uno de los íconos de la cultura popular y referente artístico de varias generaciones
"Me encomendé a la Virgen. Ella me devolvió todas las tonalidades de la voz", dijo Roberto Sánchez Foto: Soledad Aznarez
El aire que durante tanto tiempo le faltó a Roberto Sánchez, más conocido como Sandro, anteayer lo recuperó de una bocanada cuando en la Biblioteca Nacional presentó su nuevo CD, Secretamente palabras de amor (para escuchar en penumbras) , disco en el que el cantante recita poemas de su autoría con una suave música de fondo y que antes de que saliera al mercado, por la venta anticipada, ya se convirtió en disco de platino.
A las 19.50, Sandro subió al escenario del auditorio Jorge Luis Borges de la Biblioteca Nacional, vestido con saco negro, corbata roja, camisa blanca y pantalón gris con rayas blancas. "Me olvidé la capa; parezco Drácula", dijo bromeando. Se sentó en un sillón rojo que hacía juego con las doce rosas que estaban a su derecha y con tres velas encendidas, a su izquierda: la escenografía perfecta para exaltar la veta romántica con la que se lo identifica. Olga, su mujer, que estaba sentada en primera fila, no le sacaba los ojos de encima. Y no era para menos, dadas las declaraciones de amor de algunas de sus "nenas", como él llama a sus seguidoras.
"Quiero agradecer a la Biblioteca que me haya aceptado para esta presentación. Me parece un poquito exagerado porque yo soy cantante y no poeta. Pero, si me han colocado dentro de la literatura, por algo será", dijo Sandro.
El lugar hizo que los recuerdos aparecieran. La madre de Sánchez padecía artritis reumatoidea, enfermedad deformante de los huesos. "Estaba muy flaquita y tenía problemas para mantener el equilibrio, por lo que me usaba de bastón cuando era chico", contó. Aferrado a su madre, llegó a la biblioteca Sarmiento, donde devoró la colección literaria Robin Hood. "Mi mamá no me leía Caperucita Roja ; no; la vieja era brava: me leía Las mil y una noches ", recordó. Su primer contacto con la escritura lo tuvo a los 15 años, cuando esbozó la letra de una canción: "Sangrantes las nubes están".
"Este es un disco digital", explicó, mientras jugaba con sus dedos por el contenido romántico y erótico de los poemas. "Algunos entendieron el chiste", agregó, con una pizca de osadía mientras la audiencia, en complicidad, se reía.
Las mujeres de su vidaEl haber estado entre la vida y la muerte lo llevó a aferrarse a la mujer ideal: la Virgen. "Cuando me operaron, me entubaron 8 horas, lo que me dejó la garganta destrozada. Me encomendé a la Virgen; ella me devolvió todas las tonalidades de mi voz", contó. Fue a ella a la que en el disco le dedicó un poema (" Te llamarán mujer, madre, amadísima Tu nombre solamente pertenece a aquel que grita por tu amor mientras se calla"). "Fue la única de las 16 poesías que escribí de un tirón. Alguien me guiaba la mano", explicó.
La veta religiosa no le impidió cultivar cierto dejo de picardía criolla. "Cada vez que me enganchaba con una mujer nueva, me largaba un long play ", ironizó. Sandro mezcla todo el tiempo la imagen de un varón con un prontuario abultado de problemas de faldas con la de un hombre de familia. "Olga es la mujer que ordenó mi corazón", dijo, mientras su pareja se sonrojaba.
"Quizás éste sea mi último disco si la piratería, en este país, sigue avanzando", amenazó el cantante. "Sadaic no interviene en la medida en que debería para poder frenar esto. De aquellas fabulosas regalías que teníamos, ahora estamos recibiendo mendrugos", agregó.
Pero esa amenaza pareció desvanecerse cuando Sandro confesó que le gustaría grabar un disco de rock and roll "muy violento". Luego recibió una sorpresa cuando Mercedes Sosa apareció en el escenario. "Tenemos un romance trunco", bromeó Sandro.
"La Parca nos seguía", agregó Sosa cuando el año pasado un problema de salud la alejó de los escenarios, igual que a Sánchez. Por eso, a cappella , cantaron "Como la cigarra" ("Tantas veces me mataron, tantas veces me morí, sin embargo estoy aquí, resucitando").
Cuando Sosa se fue, a Sandro le faltó el aire. "Pido disculpas, pero a una persona en mi condición las sorpresas le generan opresión en el pecho", se excusó. En unos minutos, recuperó el aire, que de una bocanada había ganado cuando presentó su nuevo CD.
Carlos SanzolMiércoles 19 de agosto de 2009
Sandro, ¡feliz cumpleaños!
Seguidoras del artista se juntaron en su casa de Banfield para acercarle su cariño en su día aunque él permanece internado
Buenos Aires, (Télam).- Decenas de fervorosas admiradoras de Sandro repitieron en la medianoche el rito anual de celebrar el cumpleaños de su ídolo delante de su casa, en la localidad bonaerense de Banfield, pese que el cantante sigue internado en una clínica porteña.
"Roberto (Sánchez) te amo, y el año que viene te quiero de nuevo acá", saludó Susana, de Lomas de Zamora, una de las típicas damas maduras del núcleo fiel de seguidoras de Sandro, que en el primer minuto del día 19 corearon el "Feliz cumpleaños" mientras encendían fuegos artificiales en el tranquilo barrio suburbano.
Confiadas en que su ídolo las vería en televisión, señoras de 40, 50, 60 y más años, pero también algunas jóvenes se disputaban por enviar su mensaje en los micrófonos.
Esas palabras invariablemente expresaban amor por Sandro, "como artista y como persona", aclararon algunas, y en muchos casos incluían saludos afectuosos para su esposa, Olga, "que lo pudo atrapar".
"Amor mío, feliz cumple", dijo Olguita, de Banfield. "Te amo, te amo", expresó Dora, de Lanús. "Lo sigo desde los 14 años, y tengo 61...", explicó una fanática de la primera hora.
Una de las señoras llevó una torta y ofreció simbólicamente ante las cámaras la primera porción al homenajeado, mientras otras completaban el encuadre televisivo con una foto del cantante en su tradicional bata, y una tercera arrimaba una rosa roja, símbolo de uno de sus mayores éxitos.
Una admiradora que había llegado de Venezuela declaró que Sandro era su amor "desde niña", y que más temprano había dejado en la clínica un regalo para él y una "franela" (camiseta) para que, de ser posible, le pusiera su autógrafo.
No faltaron imágenes religiosas y anuncios de oraciones por la salud del artista.
La salud de SandroEl ícono popular de la canción romántica, hospitalizado en el Instituto Argentino del Diagnóstico a la espera de un transplante para subsanar una enfermedad pulmonar crónica, cumple hoy 64 años y pidió por radio a sus fans que no fueran a la clínica para no alterar a los demás pacientes.
El autor de éxitos como "Rosa, Rosa" aguarda, como regalo de cumpleaños, su reincorporación a la lista de espera del organismo coordinador de transplantes, el Incucai, para aspirar al doble reemplazo de pulmón y corazón.
La posibilidad del doble transplante exhibe la buena evolución de la operación que un equipo médico integrado por Pedro Ferraina (cirujano), Carlos Scorticatti (urólogo), Juan Antonio Mazzei (neumonólogo), Sergio Perrone (cardiólogo) y Daniel Stamboulián (infectólogo), le practicó en julio pasado a raíz de una infección urinaria.
El resultado de la intervención, donde en 2002 el cardiólogo intervencionista Luis De la Fuente le practicó un exitoso cateterismo coronario, vuelve a poner a Sandro en carrera para una operación que mejore su dañada calidad de vida.
Todo indica que, de seguir todo en esta frecuencia, en septiembre próximo se le podría practicar un doble transplante de pulmón y corazón que le va a realizar el médico Claudio Burgos en el Hospital Italiano de Mendoza.
Sábado 7 de octubre de 2006
En la Biblioteca Nacional
Poemas de amor de Sandro
Tras recuperarse de una afección pulmonar, el cantante grabó un nuevo álbum
"Me encomendé a la Virgen. Ella me devolvió todas las tonalidades de la voz", dijo Roberto Sánchez Foto: Soledad Aznarez
El aire que durante tanto tiempo le faltó a Roberto Sánchez, más conocido como Sandro, anteayer lo recuperó de una bocanada cuando en la Biblioteca Nacional presentó su nuevo CD, Secretamente palabras de amor (para escuchar en penumbras) , disco en el que el cantante recita poemas de su autoría con una suave música de fondo y que antes de que saliera al mercado, por la venta anticipada, ya se convirtió en disco de platino.
A las 19.50, Sandro subió al escenario del auditorio Jorge Luis Borges de la Biblioteca Nacional, vestido con saco negro, corbata roja, camisa blanca y pantalón gris con rayas blancas. "Me olvidé la capa; parezco Drácula", dijo bromeando. Se sentó en un sillón rojo que hacía juego con las doce rosas que estaban a su derecha y con tres velas encendidas, a su izquierda: la escenografía perfecta para exaltar la veta romántica con la que se lo identifica. Olga, su mujer, que estaba sentada en primera fila, no le sacaba los ojos de encima. Y no era para menos, dadas las declaraciones de amor de algunas de sus "nenas", como él llama a sus seguidoras.
"Quiero agradecer a la Biblioteca que me haya aceptado para esta presentación. Me parece un poquito exagerado porque yo soy cantante y no poeta. Pero, si me han colocado dentro de la literatura, por algo será", dijo Sandro.
El lugar hizo que los recuerdos aparecieran. La madre de Sánchez padecía artritis reumatoidea, enfermedad deformante de los huesos. "Estaba muy flaquita y tenía problemas para mantener el equilibrio, por lo que me usaba de bastón cuando era chico", contó. Aferrado a su madre, llegó a la biblioteca Sarmiento, donde devoró la colección literaria Robin Hood. "Mi mamá no me leía Caperucita Roja ; no; la vieja era brava: me leía Las mil y una noches ", recordó. Su primer contacto con la escritura lo tuvo a los 15 años, cuando esbozó la letra de una canción: "Sangrantes las nubes están".
"Este es un disco digital", explicó, mientras jugaba con sus dedos por el contenido romántico y erótico de los poemas. "Algunos entendieron el chiste", agregó, con una pizca de osadía mientras la audiencia, en complicidad, se reía.
Las mujeres de su vidaEl haber estado entre la vida y la muerte lo llevó a aferrarse a la mujer ideal: la Virgen. "Cuando me operaron, me entubaron 8 horas, lo que me dejó la garganta destrozada. Me encomendé a la Virgen; ella me devolvió todas las tonalidades de mi voz", contó. Fue a ella a la que en el disco le dedicó un poema (" Te llamarán mujer, madre, amadísima Tu nombre solamente pertenece a aquel que grita por tu amor mientras se calla"). "Fue la única de las 16 poesías que escribí de un tirón. Alguien me guiaba la mano", explicó.
La veta religiosa no le impidió cultivar cierto dejo de picardía criolla. "Cada vez que me enganchaba con una mujer nueva, me largaba un long play ", ironizó. Sandro mezcla todo el tiempo la imagen de un varón con un prontuario abultado de problemas de faldas con la de un hombre de familia. "Olga es la mujer que ordenó mi corazón", dijo, mientras su pareja se sonrojaba.
"Quizás éste sea mi último disco si la piratería, en este país, sigue avanzando", amenazó el cantante. "Sadaic no interviene en la medida en que debería para poder frenar esto. De aquellas fabulosas regalías que teníamos, ahora estamos recibiendo mendrugos", agregó.
Pero esa amenaza pareció desvanecerse cuando Sandro confesó que le gustaría grabar un disco de rock and roll "muy violento". Luego recibió una sorpresa cuando Mercedes Sosa apareció en el escenario. "Tenemos un romance trunco", bromeó Sandro.
"La Parca nos seguía", agregó Sosa cuando el año pasado un problema de salud la alejó de los escenarios, igual que a Sánchez. Por eso, a cappella , cantaron "Como la cigarra" ("Tantas veces me mataron, tantas veces me morí, sin embargo estoy aquí, resucitando").
Cuando Sosa se fue, a Sandro le faltó el aire. "Pido disculpas, pero a una persona en mi condición las sorpresas le generan opresión en el pecho", se excusó. En unos minutos, recuperó el aire, que de una bocanada había ganado cuando presentó su nuevo CD.
Carlos SanzolDomingo 14 de marzo de 2004
Sandro cumplió con la profecía
Estrenó su show en el teatro Gran Rex
Y sí. Sandro se dio el lujo de celebrar con un nuevo show, "La profecía", sus cuarenta años con la música que festejó con la multitudinaria audiencia que asistió a la función de estreno de anteanoche. Porque hay que reconocerlo. Sandro no es un cantante juvenil que convoca a sus congéneres; es un ídolo que arrasa con las emociones de un público integrado por treintañeras, cuarentonas, cincuentonas, sesentonas y, si seguimos enumerando, llegamos hasta las señoras de más de 80 años que volvieron a palpitar con los temas del artista. Y no solamente del sexo femenino. Pocos artistas cuentan con una audiencia tan perseverante y fiel.
Si el show comenzaba a las 21.30, desde las 19.30 las fanáticas empezaron a hacer la cola para ingresar a la platea, pullman y superpullman. Ahí estaban tarareando los temas musicales que las casas de discos aledañas se preocuparon en emitir por grandes parlantes. La avenida Corrientes tenía la voz y la imagen de Sandro. En los quioscos de revistas, en los vendedores que se prodigaban en fotos, vinchas, remeras, llaveros, pañuelos, todos con el rostro del cantante. Así fue la antesala que precedió al inicio del show, que empezó con un retraso de 20 minutos, pero porque los acomodadores no daban abasto para ubicar a los espectadores que llegaron a ocupar casi la totalidad de las 3300 butacas.
El bullicio que precede a todo comienzo se transformó en un alarido cuando se escucharon los acordes de "Así hablaba Zaratustra", de Richard Strauss, que anticipó el comienzo del show. Lo que no se percibe, aunque Sandro sí lo sabe, es que en cada presentación del cantante hay dos shows: uno sobre el escenario y otro en la platea. Por eso el cantante, aun cuando muchas veces ya está programado que la sala se ilumine, pide luces para ver las caras de esa audiencia que de pie aplaude cada uno de sus temas. Y no es lo único que recibe. Hay un clamor que emerge de las gargantas, con mucho de histeria, que supera cualquier parámetro. Las expresiones que se escuchan en boca de la platea femenina harían enrojecer las mejillas del menos pudoroso. Pero ése es el público de Sandro, y hacia esa audiencia activa van dirigidos los gestos, los mohínes, las palabras susurrantes, que el cantante maneja como pocos para movilizar las emociones.
La exaltación y excitación son de tal magnitud que exigen la presencia de seis custodios que protegen los escalones que llevan al escenario, mientras tratan de disipar a las fans que se acercan, continua y furtivamente, al escenario para registrar en sus cámaras de fotos la imagen del ídolo.
Comienza el showLas características del show ya fueron publicadas por LA NACION en su edición del martes último. Sólo cabe decir que en la primera parte Sandro se tomó su tiempo para hablar, con un poco de misticismo y mucho de agradecimiento, del problema de salud que motivó su internación en terapia intensiva, del que salió no indemne y que le afectó las cuerdas vocales. Ochenta minutos que incluyeron un sketch dramatizado, "La profecía", acompañado por Rita Cortese y Matías Santoiani.
En la segunda parte, la estética visual cambia al compás de "Serenata a la luz de la luna" y el cantante aparece con traje para luego vestir un smoking. Ahí está, como siempre, desplegando seducción y gestos provocativos, y después de la presentación del coro Butterfly, tres jóvenes cantantes japonesas que interpretan en su idioma "Bésame mucho", y de la ruleta que selecciona a la participante que subirá a escena para compartir unos minutos con el ídolo, Sandro retoma ese diálogo personal y musical que establece con el público al exponer los clásicos de su repertorio. Y aunque su voz se siente lastimada; su respiración, agitada, y su potencia, reducida, en un solo clamor la platea se pone de pie para luego sumisamente sentarse y recibir, como si cada espectador fuera el único destinatario, las palabras de "Rosa, Rosa", "Te propongo", "Quiero llenarme de ti", "Así", "Por ese palpitar", "París ante ti". La culminación llega cuando Sandro aparece con su famosa y tradicional bata roja, para encarar un tema que es casi el himno romántico de su repertorio, "Penumbras", que, como siempre, carga la atmósfera de la sala con fantasías eróticas que empañan los ojos.
Casi tres horas de espectáculo, y el cierre del telón señaló el fin del éxtasis pero también el inicio de una decepción que sólo puede paliar la esperanza de que quizá dentro de dos años habrá un nuevo show de Sandro, más viejo, más gordo, con un poco menos de sensualidad, pero con la alegría habitual y la misma seducción que vuelca sobre su público, fiel hasta la muerte.
Por Susana Freire
De la Redacción de LA NACION
Renovado: vuelve el "Gitano"
Cómo serán los shows de Sandro en Buenos Aires
El fin de semana último actuó en Rosario ante 4500 personas
Sandro cantará en el teatro Gran Rex Foto: Mario García
ROSARIO.- Pese a los pronósticos que después de sufrir una grave neumonía auguraban que no volvería a los escenarios, Sandro presentó el fin de semana último su flamante espectáculo, "La profecía", con tres funciones, con localidades agotadas en el teatro El Círculo de esta ciudad. Después de la primera presentación de esa serie, cuyo final Sandro debió adelantar por problemas de salud, las dos últimas se desarrollaron con total normalidad. El show, que en la primera escala de la gira que el próximo viernes continuará en el teatro Gran Rex de Buenos Aires fue aplaudido por 4.500 espectadores, demostró que, aun después de 40 años de carrera profesional, el romance entre el ídolo y sus fieles seguidoras permanece intacto.
Tal como el propio Sandro adelantó, "La profecía" es el espectáculo más ambicioso que presentó, cuando menos desde el punto de vista conceptual y de montaje escénico, desde que asomó a los escenarios a comienzos de los años 60, con un cóctel que combinaba en dosis justas romanticismo y sensualidad.
No bien se levanta el telón, cinco haces de luz dibujan sobre el escenario círculos que dan vueltas siguiendo la música de "Así hablaba Zaratustra".
La apertura del show acentúa la tensión de la espera. Entonces, aparece en escena un ballet integrado por seis bailarines -cinco mujeres y un hombre vestidos a la usanza gitana-, que acompañan una melodía de aire flamenco con rápidos taconeos y sensuales movimientos de faldas. El escenario está ambientado como un tablao español, con mesa y sillas de roble y un candelabro de hierro forjado con forma de arabescos. La orquesta formada por catorce músicos y dirigida por Sebastián Giunta viste para la ocasión: camisas amplias, chalecos y sombreros negros de ala ancha.
El ritmo de la música, que se había hecho contagioso y pegadizo, se desacelera, las luces se atenúan y la voz inconfundible de Sandro llena la sala. Lentamente va desgranado los versos de "Me fui. . . pero volví", mientras el público sigue expectante. El silencio es tan intenso, que puede tocarse.Un haz de luz blanca cruza el teatro como un rayo. Sobre el telón de fondo se recorta la figura del "Gitano". Luce pantalón y camisa negros, zapatos de taco y un amplio chaleco de cuero bordó, que le llega por debajo de la cintura. Lleva un sombrero que, con la cabeza gacha, apenas deja verle el rostro.
La canción con la que eligió abrir la serie de shows que lo devolvieron a los escenarios después de dos años de ausencia habla de la muerte, pero lo hace con alegría y esperanza, algo de lo que solamente es capaz de hacer alguien que la sintió cerca y tuvo la fortuna de volver para contarlo.
"Que me protegen lo sé, porque, aunque me fui, volví." El verso, que resume las vivencias de Sandro cuando en enero del año pasado una neumonía lo puso al borde de la muerte, lo encuentra parado en medio del escenario con los brazos abiertos y mirando al cielo con una amplia sonrisa dibujada en el rostro.
Fin de la esperaEl público, en su mayoría mujeres que desde hace dos meses atesoran las entradas para el show, disfruta del reencuentro con su ídolo. La platea festeja cada gesto del cantante. Un meneo de cadera, un guiño cómplice, una mirada pícara bastan para que el teatro explote en aplausos y gritos.
Sandro aprovecha el entusiasmo de sus fans para recuperar el aliento. Respira hondo, se apoya en el piano y, mientras se esfuerza por recobrar la energía, admite que está emocionado. "Un año atrás pensé que jamás volvería a subirme a un escenario, y acá estoy", confiesa con la voz entrecortada.
"Siento una emoción doble, porque estoy vivo y porque vuelvo a estar con ustedes", enfatiza impostando la voz, y mientras busca el centro del escenario recuerda que "La profecía", su nuevo espectáculo, celebra sus 40 años con la música. "Y miren: estoy más nervioso que un testigo falso", sonríe.
La banda toca "Yo soy gitano". Un enorme vitral redondo baja hasta enmarcar la figura del cantante que, en el centro de la escena, ronronea los versos que hablan del orgullo de un pueblo perseguido. Antes de que se apaguen los aplausos entona "Cara de gitana" y el clásico de siempre "Zíngara".
La historia que, sobre la base de una idea original de Sandro, delineó Marcos Carnevalle, el autor de la tira de Pol-ka "Soy gitano", va cobrando forma con las letras de las canciones y un romance, teñido por la tragedia y el desengaño, asoma en cada inflexión de la voz gruesa y profunda del cantante.
Rita Cortese aparece en escena. Viste un vestido floreado que se ciñe en la cintura y cae suelto sobre las piernas y los zapatos rojos de tacón, y un chal negro tejido le cubre los hombros. El pelo peinado tirante para atrás, las pestañas largas y el delineador que rodea los ojos le acentúan los rasgos gitanos.
Habla moviendo las manos y con un marcado acento castizo. Encarna a una gitana que tiene el don de la adivinación y que lee el futuro en las líneas de la mano de Sandro. Su encuentro con el "Gitano" despierta suspiros que revelan los celos que siente la platea al verla coquetear con su ídolo.
Un breve intermedio musical marca el regreso del ballet a escena para ensayar una danza de reminiscencias árabes. Sandro canta una versión ralenteada de "Maldita costumbre" y, apoyado sobre el respaldo de una silla y apenas iluminado por un seguidor, desgrana la copla "Toíto te lo consiento".
"La profecía" alcanza el clímax con "Si tú te vas". Matías Santoianni, caracterizado de gitanillo, se abre paso hacia el escenario desde la platea. Finge vender ropa interior entre las espectadoras. Su madre en la ficción, Rita Cortese, lo reprende por tratar de sacar provecho de la situación.
El paso de comedia da pie para el regreso de Sandro que, durante su ausencia del escenario, se cambió el chaleco y el sombrero por otros iguales, pero en tonos de marrón claro. Canta "Noche de amantes" y "Como lo hice yo", un par de viejos éxitos que entusiasman a sus fanáticas.
Escenas dramáticasLa agitación dura poco. Sandro vuelve a desaparecer y en su lugar queda Santoianni, que participa en una escena dramática con un puñal, en la que insiste sobre los sufrimientos del pueblo gitano. "No hay justicia para los gitanos, pero sí hay una justicia gitana y no tiene los ojos vendados", asegura en su monólogo.
Con "Se me van las manos", que el "Gitano" canta a dúo con Rita Cortese, mientras juntos ensayan unos tímidos pasos de baile, cierra el tramo teatralizado del show. Cae el telón y la actriz, sola ante el auditorio, corona su actuación con un texto que desnuda la crueldad de la discriminación.
Después del intervalo, los músicos de la orquesta visten smoking y tocan "Serenata a la luz de la luna". A sus espaldas un enorme cortinado oscuro jalonado de pequeñas luces simula un cielo estrellado. Una encantadora pareja de baile vestida de fiesta acompaña la melodía con estudiados movimientos.
Sandro vuelve a escena ataviado con un smoking negro. El público delira. No bien se acallan los aplausos llega uno de los momentos más esperados de la noche: la ruleta. Se extrae uno de los talones de los tickets para el show y la ganadora sube al escenario para bailar y, por supuesto, sacarse una foto junto al ídolo. El momento, uno de los más emotivos de la velada, sirve de excusa para que las fanáticas den rienda suelta a sus impulsos. Una lluvia de piropos baja de las gradas y en cuanto suenan los primeros acordes de "Yo te haré mujer" empiezan a caer sobre el escenario los primeros "regalitos" para el "Gitano".
"Bésame mucho"La agitación se atenúa cuando la banda interpreta una versión instrumental de "Bésame mucho". De pronto, aparecen sobre el escenario tres jóvenes de ojos rasgados, con quimonos en tonos pastel y peinados típicamente orientales. Mientras agitan abanicos dibujando figuras en el aire, cantan en japonés la romántica letra del bolero.
El público aplaude sin salir del asombro que siente ante el exotismo del número representado por el coro Butterfly. "Rosa, Rosa" es apenas una cortina musical. Sandro intenta explicar el sentido del cuadro: "Es una cosa que concebí para la unión de los pueblos". La gente aplaude poco convencida.
Las dudas se disipan no bien Sandro arremete con una versión caliente del más grande clásico de su repertorio, "Rosa, Rosa". Las chicas del ballet lucen brevísimos shorts y tops rosados ceñidos al cuerpo y se mueven al compás de la música. El entusiasmo de los espectadores alcanza su pico máximo. El escenario queda cubierto de prendas íntimas, ositos de peluche y sobres perfumados.
Pero la fiesta recién empieza. Un popurrí de grandes éxitos, entre los que se cuentan "Así", "Quiero llenarme de ti" y "París ante ti", encienden los ánimos y arrancan gritos de histeria a la platea. Sandro juega el juego que mejor juega y que más le gusta y alentado por el calor del público regala una versión intensa de "Te propongo".
Una ovación corona el final de la canción. La banda toca el clásico "Te llevo bajo mi piel" y Sandro se seca el sudor de las sienes con el dorso de la mano. Se lo ve cansado, pero feliz. Busca aliento en el tubo que, adherido al micrófono, lo provee de oxígeno y le revuelve el pelo que le cae sobre la frente. No para de reír.
Antes de dejar el escenario, se toma un minuto para presentar a los artistas que lo acompañaron durante la función. Las luces de la sala están a pleno y el público aplaude de pie. El show se prolongó durante más de dos horas y media y, sin embargo, la gente quiere más. Su insistencia tiene premio: una conmovedora versión de "Penumbras". Y llega el final, ese que las "nenas de Sandro" jamás olvidarán.
Por Ricardo LuqueCorresponsal en Rosario
Sandro fue un gigante de la música popular.
A un mes y medio del trasplante cardiopulmonar al que fue sometido, y en lo que los médicos habían calificado como su "peor momento", Roberto Sánchez -el famoso Sandro- falleció este lunes como consecuencia de un "shock séptico", según explicaron los médicos Claudio Burgos y Sergio Perrone, quienes cuidaban su salud en el Hospital Italiano de Mendoza.





